lunes, 22 de octubre de 2007

CRUCES DE SANGRE – Primera Parte (Por Amanda González Alvarez)

Un asesino que disfruta con sus crímenes.
Una detective atrapada en un laberinto mortal.


INFORME OFICIAL:
...es uno de los principales sospechosos: Armando Vielle. Trabajaba en la cafetería “Flies” para ganar un poco de dinero en el verano. Su edad en ese entonces era de 17 años. Ahora tiene 19, o sea que se lo vincula en el caso pero hay que tener en cuenta que, en aquella época, era menor de edad.
La descripción física del sospechoso es la que nos dio la amiga de la víctima:
· 1,82m de altura
· 79 Kg.
· la musculatura bastante trabajada, que nos lleva a muchas horas de gimnasio
· ojos claros y mirada penetrante
Tiene antecedentes penales y judiciales en las dependencias del FBI de Italia, Chipre y Creta, esto nos lleva a pensar que viaja mucho.
Su vestimenta va acorde con su edad: jeans, camisas y remeras sueltas.
Todos estos datos nos dan a conocer que él es el sospechoso, pero a la hora de darle la foto a la amiga de la víctima, dijo que no era él. ¿Entonces?



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El caso había llegado a mis manos el 23 de Octubre a las 11 de la mañana.
Ese caso había estado dando vueltas por la central hacía ya varios días, hasta que a último momento me lo dieron a mí.
-¡Agente Nicole!
-Si jefe, aquí estoy.
- Nicole, te entrego el caso de Conny. ¿Sabés cuál es verdad?
-Secuestro, violación, asesinato y huida. Varios sospechosos.
-Ok, puedes empezar ahora mismo.
Me puse en acción ni bien me lo dijo, pero antes de empezar la búsqueda e investigación del culpable, tenía que saber un poco más de los sospechosos. Así que me dirigí a la fuente de datos del FBI y esto es lo que encontré:

Ángel Allende: Mexicano, 25 años, 1,70m, 70kg. Soltero, trabajaba en “Quimicstall”, laboratorio científico experimental, expulsado por el mal manejo de las drogas.
Jhon Murval: Noruego, 23 años, 1,81m, 77kg. Separado, trabajaba en una empresa de seguridad, le encontraron un arsenal de armas en su yate privado. Traficante de armas.
Marcos Snotto: Italiano, 20 años, 1,79m, 71kg. Soltero, asesinó a su ex novia por una venganza amorosa.
Armando Vielle: Inglés, 19 años, 1,82m, 79kg. Soltero, trabajaba en bares o cafeterías para ganar algo de dinero, siempre lo despedían por su carácter fuerte.

Leyendo el inventario me di cuenta de que cualquiera de los cuatro sospechosos podría haber sido el culpable sin ningún problema: los cuatro estaban libres.
Comencé a pensar y a sacar ideas. Tenía 4 sospechosos, dos de ellos no estaban en el país del hecho, en el momento en el que se encontró el cuerpo, aunque muy fácil habría sido tomar un vuelo hacia cualquier otro país.
Los dos restantes eran los más propicios para ser los culpables ya que ambos se encontraban en Austria en ese momento; pero yo no quería anticiparme a los hechos y cometer una equivocación, así que quise empezar por ir al aeropuerto internacional de la ciudad.


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Era de noche y llovía, hacía horas que mi novia me había dejado por haberle hecho (según ella) una escena de celos.
Mi auto estaba inundado de un olor penetrante, a veces nauseabundo, mezcla de olores personales y desodorante; mi mente también estaba inundada pero con odio, rencor y podría decirse, pasión. Sabía que ella no me iba a perdonar haberla golpeado, pero también sabía que no me iba a denunciar, no le convenía, ella quería empezar una nueva vida, y le era muy fácil hacerlo ya que nadie había sabido de nuestra relación y ella no se lo iba a decir a nadie.
Inmerso en mi mente, en mis pensamientos, mis ojos dieron a parar sobre un par de adolescentes que pasaban caminando por el escampado en donde yo tenía el coche.
Sentí necesidad de acercarme a ellas, de hablarles…


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El edificio era uno de los más modernos de Austria, en el paraban más de 200 líneas de avión que recorrían todo el mundo. Muy fácil habría sido llegar del escampado al aeropuerto, tomarse un vuelo y escapar a cualquier lugar del mundo, iba directo a la administración pensando que si hubiera escapado probablemente utilizaría un pasaporte falso, ¿o no?
Ya en administración pedí hablar con el coordinador general de vuelos.
-¿Sr. Frank Galloway? FBI, necesito hablar con usted-le dije a través de la puerta, que el me abrió al instante.
El señor Galloway era un hombre de unos 53 años muy concurridos por las cuestiones de la vida, tenía el cabello y barba de un color níveo, no era muy alto sino que más bien de estatura media. Ojos color café con grandes y pobladas cejas, su vestimenta en esa ocasión constaba de un traje marrón a rayas combinado con una corbata verde, “que pésimo gusto”, me dije a mí misma.
Me hizo un gesto con la mano indicándome que pasara a su oficina, una habitación que constaba con un simple escritorio en el centro de la sala.

-Si dígame, ¿en que puedo ayudarla, señorita?
-Sta. Nicole Bontrap, agente número 127 del FBI. Necesito su ayuda, necesito el listado de vuelos internacionales del día 16\10, de entre las 22 p.m. y las 4 a.m. del posterior día.
-Sí, por supuesto, espere un segundo que los busque, es que ya se puede imaginar lo que es buscar eso entre tantos archivos y documentos…-intentaba intimar conmigo, pero, era joven no ingenua- de un aeropuerto.
-Por favor vayamos rápido al listado- en ese momento la cara del Sr. Galloway dio el cambio brusco del rechazo por parte de una mujer.
En menos de 15 minutos salía del aeropuerto en mi Audi Z-500, con un listado en la mano de casi 400 vuelos y más de 3000 nombres.
La primera parte de la pesquisa comenzaba.


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Eran dos jovencitas de entre 16 y 17 años, (al menos eso supuse), esbeltas, atractivas, su vestimenta ayudaba mucho a esa descripción, ropa provocativa.
Empezó a correr dentro de mí un inmenso calor, de ese del que sólo los hombres saben. Sabía que no me iba a arrepentir de lo que iba a hacer. Salí del coche, las dos chicas se percataron de mi presencia pero no se preocuparon demasiado, ni salieron corriendo despavoridas.
Fui caminando despacio hacia ellas. Mis ojos se habían posado en la de apariencia mayor, pelo oscuro y magníficas piernas y cintura. El calor que sentía se iba incrementando a medida que mi mirada recorría todo su cuerpo, toda su atractiva figura. En el aire se encontraba una sensación de frío y miedo que sólo yo pude percibir. Cuanto más me acercaba, más iba sintiendo ese inmenso calor en la entrepierna. Cada minuto que pasaba en mi cabeza surgían las imágenes de lo que sería un futuro no muy lejano.
Me percaté de que las dos muchachas aceleraron el paso, así que yo hice lo mismo, pero antes de llegar a dejar que se escapasen las agarré del brazo y una de ellas se soltó bruscamente de mi mano y salió corriendo horrorizada tan rápidamente que no me dio tiempo a agarrarla nuevamente. En cambio, la que todavía mantenía sujeta se limitaba a mirarme. Su mirada era mezcla de temor y furia, sentía que intentaba soltarse de mi brazo, así que al instante apreté más.
Tiré de ella hasta donde se encontraba el coche, que por suerte estaba en frente de un macizo roble, y la até de inmediato. Le dije que no gritara. No hizo caso. En un segundo le puse una mordaza en la boca, una simple media me ayudó.
Comencé a besarla, a acariciarla, sentía como su cuerpo se retorcía debajo del mío, sabía que era de asco, pero mis fantasías decían que era de placer, hasta que por fin pude hacerla mía. Fue un placer distinto, ya que no era una sensación mutua sino que sólo yo sentía eso. Paulatinamente la fui llenando de mí mismo y cada vez lo sentía más placentero. Sabía que aquella noche iba a ser la primera y la última vez que estaría con ella. Para ella, sería la última vez que estuviera con cualquiera.

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